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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Si a fuerza de decir NO pudieran cambiar las cosas..., agotaríamos la respiración gritándolo.

Y a veces lo hacemos.

NO, NO, NO, repetido una y mil veces, pero no sirve de nada.

Cuando la vida, tozuda, el destino, inevitable, se empeñan, el NO se diluye en el aire y desaparece.

Ni siquiera esta palabra concisa, rotunda, que denota inexistencia de lo designado, puede variar lo que tiene que pasar.

NO, NO, NO, a veces las palabras no son más que eso, simples palabras, no traspasan el plano de la gramática, no adquieren valor real.

Decimos NO, no puede ser, NO, todo va a ir bien.

Y durante un tiempo el NO nos engaña, nos convence, nos consuela.

Decimos NO, mera estrategia de defensa para enfrentarnos a lo que nos duele.

NO, adverbio de negación.

Decimos NO, pero acaba siendo sí.

CDR

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