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martes, 11 de diciembre de 2012

ENREDO

Su pelo se había vuelto a enredar, no había forma, lo tenía tan fino que se convertía en una maraña cada noche para su gran disgusto. Había pensado muchas ocasiones en cortárselo, se ahorraría problemas, y tiempo, pero a Alberto no le gustaba la idea, le encantaba su larga melena rubia.
 
De todas formas, precisamente por eso debería cortárselo, si Alberto ya no significaba nada. En eso habíamos quedado, ¿eh, Mati? No irás a olvidarte otra vez de sus enredos, engaños que tanto daño te hacen. Promete que todo cambiará, pero tú sabes que no es cierto.
 
Es que no te aclaras, Mati, tienes un buen enredo en la cabeza, te falta claridad de ideas, decisión, cuántos tíos hay en el mundo, por favor, tú te mereces mucho más.
 
Abre el grifo y deja que el agua caliente vaya humedeciendo su piel. Mati quisiera desaparecer, disolverse bajo el líquido cristalino, evaporarse en el vaho que asciende por las paredes. Olvidarse de los enredos, complicaciones, que supone la vida.
 
Como si el baño la purificase, se arregla, de mejor humor. Sale de casa, con el cabello impecable, dispuesta a escenificar esa comedia de enredo, ingeniosa, intrincada y hasta sorprendente, que es su existencia. Se parte de risa, en qué han acabado sus grandiosas aspiraciones.
 
Entra en el local  por la discreta puerta de atrás. Alberto la mira cuando sale del camerino, aprueba su aspecto con un asentimiento de cabeza y le guiña un ojo, pícaramente, antes de que empiece el espectáculo. La música suena y la barra metálica la espera en el centro de la sala abarrotada de ávidas miradas.
 
CDR

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