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jueves, 6 de diciembre de 2012

PEQUEÑOS GESTOS


Tomas Transtömer (Estocolmo, 1931) era prácticamente un desconocido para el gran público hasta que la Academia Sueca le concedió el Nobel de Literatura en 2011, a sus ochenta años. Esto a pesar de que su obra ha sido traducida a más de cincuenta idiomas y se trata del poeta escandinavo vivo más relevante. En España, encontramos la mejor aproximación a su poética en la editorial Nórdica. Como su traductor, Roberto Mascaró, afirma, las lenguas son barreras superables y la poesía de Tranströmer es universal. Si todavía no lo conocen, ahora es buen momento para descubrir a este poeta de la sencillez, la humanidad y la búsqueda de respuestas.

El 15 de abril de 1931 vino al mundo Tomas Tranströmer. Sus padres se divorciaron cuando el niño tenía tres años. Esta soledad provocada por el padre ausente condicionó sin duda su infancia, así como el hecho de ser cuidado por una criada mientras su madre estaba en el trabajo. La figura masculina que Tomas tuvo en esta época como referente fue su abuelo paterno, piloto náutico, que llegó a ser su amigo íntimo. La diferencia ente ellos era de 71 años, la misma que la de este con su abuelo (nacido en 1789), así que en sus fantasías, el niño creía tocar la historia con sus manos, oyendo al anciano hablar la lengua del siglo XIX, contándole episodios como el asalto a la Bastilla. Como intuyendo ya su destino, empezó a escribir a muy temprana edad. A los trece años ya estaba esbozando lo que sería su primer poemario. Fue un niño asiduo a los museos y a las bibliotecas; le gustaba especialmente la de Medborgarhuset, en Söder, barrio donde vivía. Allí solicitaba libros que le eran vedados por su corta edad, y se encontraban en la sección de adultos, sus temas favoritos eran la historia y la geografía. A través de los diarios, a sus nueve años, estudiaba el mapa de la guerra y se contaba entre los enemigos de Hitler; él no entendía de política pero se sentía comprometido con esa causa. No es raro que su maestra en la escuela popular Katarina Norra dijera de él que era muy “especial”, pues sin duda tenía inquietudes e intereses diferentes a los de los niños de su edad. A Tomas le daba pánico que lo considerasen anormal, porque en el fondo intuía que lo era.

Cursó sus estudios de Secundaria en la escuela Södra Latin. A los quince años, debido a un episodio de ansiedad nocturna, sufrió un ataque de epilepsia que supuso un cambio en su vida. A partir de entonces se dedicó al piano, puesto que la música lo había sacado de la crisis. Fue durante sus estudios de Bachillerato en latín donde descubrió Tranströmer los versos clásicos. Traduciendo a Horacio bajo la severa mirada de su profesor, descubrió las reglas de la poesía. En el otoño de 1948 ya había publicado el joven Tomas algunos poemas en el periódico de la escuela, pero la idea del verso de medida clásica surgió después. Posteriormente, se graduó en Psicología, Historia de la Literatura e Historia de las Religiones en la Universidad de Estocolmo. En 1957 conoció a la que sería su esposa para toda la vida, Monica Bladh, cuando ella apenas tenía diecisiete años. Se casaron y tuvieron dos hijas.

Antes de abandonar la Universidad, estuvo allí trabajando en el departamento de psicometría. Pero después, durante un largo periodo de tiempo, Tranströmer trabajó de terapeuta en establecimientos hospitalarios y penitenciarios -como la prisión para jóvenes de Roxtuna-, conociendo de primera mano vidas rotas que él trataba de recomponer. No es extraño, pues, el profundo conocimiento del alma humana que muestra en su poesía. Siempre compaginó su trabajo con la escritura, pero será a partir de la década de los setenta cuando pueda ya vivir de su obra, dándose a conocer dentro y fuera de Suecia. Se inicia así una etapa intensa y prolífera en cuanto a producción poética.

En 1990, con 59 años, el escritor sufrió una hemiplejia que le paralizó el lado derecho del cuerpo y le privó de la facultad del habla, pero no así de su capacidad de comunicarse, su lenguaje quedó intacto. Además, su amor por la música lo salvó de nuevo, y poder tocar el piano y escribir con su mano izquierda, sentir la melodía y la fuerza de las palabras, lo sacó de la oscuridad. Tanto como el apoyo incondicional de su esposa Mónica, intérprete en su comunicación con el mundo.

Sorprende que en 1974 escribiese: Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho / con afasia, solo comprende frases cortas, dice palabras / inadecuadas. /Así, no lo alcanzan ni el ascenso ni la condena. / Pero la música permanece, sigue componiendo en su propio / estilo… Unos versos que resultarán premonitorios.

Desde que publicó su primer libro, con tan solo veintitrés años, Tomas Tranströmer no ha dejado de escribir. Ya en estas composiciones se intuye la habilidad técnica y la maestría con la palabra que desarrollará el poeta, y aparecen algunos temas que estarán presentes en toda su obra. Un ejemplo ilustrativo sería “Archipiélago otoñal. Tormenta”, donde se centra en el misterio de la naturaleza: De pronto, el caminante encuentra aquí el viejo / enorme roble, como un alce petrificado con su interminable / cornamenta, frente a la fortaleza verdinegra / del mar de septiembre. / Tormenta nórdica. Es el tiempo en que / los racimos de serbas maduran. Despierto en la oscuridad, / oigo a las constelaciones piafar en sus establos, / en las alturas, sobre los árboles.

Otro tema presente en su obra es la incomunicación, cómo las palabras no bastan para expresarnos. Cualquier poema de Tranströmer nos sirve para comprender su manera de enfrentarse a la realidad, la personalísima mirada con que contempla la naturaleza, las metáforas imposibles, el intimismo, la incomunicación o su interpretación del surrealismo y del expresionismo, que hacen innecesario etiquetar su obra.

Cuando Tomas Tranströmer aparece en el panorama literario sueco, la tendencia general era de un realismo social casi ramplón y de un experimentalismo sin demasiada importancia. Así, al principio, el delicado equilibrio intimista de Tranströmer no encontraba cabida en ese panorama y fue encasillado en el llamado surrealismo tardío. Sin embargo, pronto arrolló el poeta por su originalidad y la suma entre sus poderosas imágenes y la concreción aprendida de los versos horacianos. Siguiendo los pasos de la lírica nórdica, fue evolucionando hacia la sencillez expresiva, pero de una manera a la vez tan personal que la naturalidad y desnudez de sus imágenes lo hacen único. Tranströmer se deshace de todo lo que estorba en el poema, tanto en lo que se refiere a gramática como a la identidad del propio poeta. Sin duda, su personalidad incide en las raras asociaciones de sus imágenes. No se trata de una voluntad puramente esteticista, sino de una intención de desaparecer hasta que las cosas se reúnan por sí solas. En este sentido, el poeta sueco siempre ha rehuido al héroe de la poesía comprometida tanto como al autor difunto, ausente pero cargado de atributos. En sus poemas, Tranströmer aparece tal y como es, vivo y paradójico.

A partir de la década de los ochenta, el poeta se aleja de la escritura más personal para centrarse en lo contingente. Sus poemas se acercan al haiku, atraído por la economía, la ausencia de retórica, la plasticidad de la estrofa japonesa. Tranströmer hace un fabuloso esfuerzo por mantener la fórmula silábica propia del haiku (5-7-5) en su idioma sueco. La naturaleza se hace omnipresente, junto a la idea de la muerte, de la insignificancia del ser humano. Un muro, el mar. / Oigo graznar gaviotas: / ellas saludan. O Se cayó el techo / y los muertos me ven. / Este es el rostro. Falto de palabra, el haiku se convierte en el mejor vehículo para mostrar su visión de poesía como lenguaje.

Tomas Tranströmer fue acusado en numerosas ocasiones por sus coetáneos de eludir el compromiso político en su poesía, pero él nunca se dejó guiar por los cantos de sirena de los panfletos, que lo desviaban de lo esencial. Se puede decir que el tiempo le ha dado la razón y su estilo genuino, su poesía de las pequeñas cosas es lo que hace que sea universal, atemporal, válido más allá de momentos históricos e ideologías políticas. Su compromiso ha sido el de luchar por un mundo mejor, tanto en su vida como con su poesía de estilo introspectivo y versátil, basada en la experiencia y en la realidad circundante. No obstante, Tranströmer también ha criticado libremente a su país sin dejar por ello de considerarse un sueco integrado y orgulloso de serlo; especialmente es la destrucción de la sociedad sueca humanista a favor de una funcionalidad vacía lo que más le molesta. Gentes con un futuro / en lugar de un rostro.

La finalidad de la poesía de Tranströmer es intentar entender el mundo. Su estilo, hecho de pequeños gestos.

Fantástico sentir como el poema crece

mientras voy encogiéndome.

Crece, ocupa mi lugar.

Me desplaza.

Me arroja al nido.

El poema está listo.
 
CDR

1 comentario:

  1. Grandes desconocidos los nórdicos, buena entrada. La palabra/ el poema crece, el mundo se achica. ¡cuánta sabiduría!
    Pmd.

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