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lunes, 11 de septiembre de 2017

PERMISO PARA BAILAR

Creo que hasta hoy no lo había confesado públicamente, pero quienes me conocen un poquito más a fondo saben que bailar ha sido siempre una de mis pasiones. De hecho, cuando era niña y adolescente inventaba coreografías y soñaba con dedicarme a ello, hasta que se me hizo ver la inutilidad de tal aspiración, relegando entonces el baile en pro de cosas más prácticas y que, sí es cierto, también me apasionaban, como son los libros, estudiar... ser docente y escritora aficionada.

Pero a día de hoy me pregunto, ¿acaso son cosas excluyentes? Y me parece que no, sin embargo, bailar es algo que tengo totalmente abandonado en todos los sentidos, porque no hace falta dedicarse a ello profesionalmente o no bailar en absoluto. ¿Entonces? Adivino lo que están pensando, y tienen razón, quizás no sea ahora el mejor momento de mi vida para retomar esta afición, criando dos niños, trabajando y todas las actividades que ambas cosas conllevan, más otras extra como escribir este blog. No obstante, ¿qué le vamos a hacer? Hoy me he levantado con esta idea en la cabeza y no descarto, en este inicio de septiembre, con el nuevo curso, que es una especie de año nuevo, y buen momento para iniciar un hábito, darme permiso para bailar.

Porque al reflexionar sobre ello me doy cuenta de que el baile debiera ser obligado en nuestra vida. Sí, quiero. Moverme libremente, celebrar mi cuerpo al son de la música y olvidarme de problemas, de normas, del tiempo, conectar conmigo misma y escuchar los latidos de mi corazón.

Y es que, ¿por qué somos tan rígidos?, ¿por qué olvidamos algo que es inherente al ser humano, el movimiento, la unión con la música, la expresión corporal?, ¿por qué no está presente el baile en las escuelas, en los trabajos? ... Bueno, esto sería otro tema, relacionado, pero que no me apetece abordar ahora. Por tanto, en singular, ¿por qué me olvidé de la maravilla de sentir la música y dejar a mi cuerpo expresarse?

Sí, quiero. Firmemente me propongo volver a disfrutar, sin instrucciones, dejándome llevar, permitirme de nuevo esa alegría, introducir esa rutina en mi vida. Y bailar. Vivir.

¿Se apuntan?

CDR

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